
Comienza un nuevo año y, con él, vuelve esa energía de querer hacerlo distinto. De querer sanar de verdad. Y quiero empezar este primer blog post del 2026 recordándote algo que he visto una y otra vez, tanto en mi práctica como en mis talleres presenciales: la información transforma, sí… pero el acompañamiento sostiene.
Muchísimas personas llegan a mí con el deseo genuino de sanar. Han leído, han escuchado podcasts, han guardado videos, han tomado notas. Ya saben que el cuerpo tiene una capacidad maravillosa para repararse a sí mismo cuando se le quitan los obstáculos y se le devuelve el ritmo natural. Esa parte es real y es poderosa.
Pero también es real esto: saber no siempre significa poder sostener el camino.
Sanar no se trata solo de entender. Sanar pide constancia. Pide volver a elegirte cuando la rutina aprieta, cuando la motivación baja, cuando el cuerpo habla con señales que asustan, o cuando la mente insiste en regresar a lo conocido. Ahí es donde el mentor se vuelve una herramienta invaluable.
Un mentor no llega para «salvar» a nadie. Llega para iluminar el próximo paso. Te ayuda a ver lo que no estás viendo, a recordar lo que ya sabes cuando el ruido te lo tapa. El mentor te guía con calma, paso a paso, hasta que tu sistema nervioso, tu mente y tu corazón vuelvan a trabajar en armonía.
Hace un tiempo ya escribí sobre este tema en el blog, porque el valor de un mentor merece repetirse. Y aun así, con los años he entendido algo con más profundidad: no basta con saber lo importante que es tener guía. También hace falta que esa guía sea accesible, cercana, y posible para más personas, sin importar dónde estén.
En mis talleres presenciales he visto algo hermoso: cuando una persona puede hablar conmigo, mirarnos a los ojos, hacer preguntas, compartir lo que le pasa, y sentir que no está sola, algo se acomoda por dentro. Esa interacción ayuda a aterrizar la información en un plan concreto. Y, más importante todavía, ayuda a llevar ese plan a la vida real.
Esa cercanía siempre me ha conmovido. Y por años tuve el mismo deseo: que mi mensaje pudiera llegar también a quienes no viven cerca, a quienes no pueden viajar, a quienes necesitan acompañamiento desde donde están.
Por eso, antes que nada, escribí mi libro. Fue el primer puente. La primera manera de llevar esta información más allá de un salón, más allá de una consulta, más allá de una conversación en persona. Quería que pudieras tener estas ideas en tus manos, releerlas, subrayarlas, volver a ellas cuando lo necesitaras, y comenzar a construir tu propio camino de sanación con calma y claridad.
Luego de ese paso, lancé mi primer curso en línea gratis. Lo diseñé como una introducción a una interacción más personal e íntima conmigo, para que puedas comenzar a caminar este proceso con guía y estructura, a tu ritmo, desde tu espacio.
Y ahora también ofrezco un curso completo en línea llamado igual que mi libro, «El doctor en ti». Lo creé con la intención de acompañarte de una manera más profunda, para que puedas sostener tu proceso, entenderlo con claridad, y confiar cada vez más en ese poder de sanación interna que ya vive en ti.
Mi libro y mis cursos nacen del mismo lugar: del amor por la vida, de la certeza de que el cuerpo no está en tu contra, y de la convicción de que la sanación no tiene por qué ser un camino solitario.
Quiero que, sin importar en qué parte del mundo estés, tengas acceso a esta información valiosa y, sobre todo, a una guía que te ayude a convertirla en acciones concretas, con paz, con intención y con continuidad.
Si este año quieres sanar, no solo aprender sobre sanación, elige también el tipo de apoyo que te ayude a mantenerte en el camino. A veces, la diferencia entre intentarlo y lograrlo no está en la fuerza de voluntad. Está en tener a alguien que te lleve de la mano, con firmeza y con ternura, hasta que la sanación deje de sentirse como una meta lejana y se convierta en una forma de vivir.
Con gratitud,
Cesia
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